Capítulo 17: Teocoyohuehualoyan

El grupo avanzó hacia el séptimo nivel del Mictlán, Teocoyohuehualoyan, donde la sombra de Tepeyóllotl, dios de las montañas, los ecos y los jaguares, se cernía sobre ellos. La leyenda hablaba de fieras salvajes que acechaban en este lugar, arrancando el corazón de los muertos. La tensión en el aire era palpable mientras se adentraban en el territorio de los depredadores.

El sendero estaba flanqueado por densa vegetación, y el rugido lejano de jaguares resonaba entre los árboles. Xolotl, siempre presente, guiaba al grupo con una solemnidad que reflejaba la gravedad de este nivel.

Natalia ajustó su mochila con determinación. «En este nivel, la naturaleza misma es el desafío. Debemos ser astutos y cautelosos para enfrentar las fieras salvajes.»

Juan observó la densa vegetación con ojos alerta. «El peligro está oculto en cada sombra. Debemos confiar en nuestros instintos y trabajar juntos.»

Miguel, con su mirada aguda, señaló huellas en el suelo. «Hay signos de actividad animal. Estemos preparados para lo que sea que encontremos.»

A medida que avanzaban, el sonido de pasos sigilosos y ramas crujientes los rodeaba. De repente, surgieron jaguares entre la vegetación, ojos brillantes fijos en el grupo. Los felinos se movían con gracia, listos para el ataque.

Natalia habló en voz baja. «No estamos solos. Los jaguares son guardianes de este lugar, y debemos respetar su territorio.»

Juan sacó un cuchillo ceremonial, listo para defenderse. «Sigamos adelante con precaución. No podemos permitir que el miedo nuble nuestro juicio.»

Miguel, con un gesto decidido, se acercó a uno de los jaguares. «En la mitología, los jaguares eran símbolos de poder y protección. Si mostramos respeto, tal vez podamos pasar sin enfrentamiento.»

Los jaguares observaron al grupo con curiosidad, evaluando su presencia. Natalia, con una expresión serena, se acercó lentamente. «Somos buscadores de la verdad, guardianes de nuestra cultura. No venimos con malas intenciones.»

Uno de los jaguares se acercó a Natalia, olfateándola con precaución. Después de un momento de evaluación, los felinos retrocedieron, permitiendo al grupo continuar.

Xolotl habló con solemnidad. «La naturaleza y sus guardianes han aceptado su presencia. Pero el desafío no ha terminado. Deben enfrentar la prueba final.»

El sendero los llevó a una abertura en la montaña, una caverna oscura donde se escuchaban ecos misteriosos. Adentrándose en la cueva, se encontraron con una escena inquietante: una figura encapuchada, con los rasgos de Tepeyóllotl, estaba rodeada de corazones palpitantes.

Natalia frunció el ceño. «Esto es más oscuro de lo que imaginaba. Parece que debemos ofrecer algo para continuar.»

La figura encapuchada habló con una voz ecoica. «En Teocoyohuehualoyan, solo aquellos que ofrecen sus corazones pueden avanzar. ¿Están dispuestos a sacrificar parte de ustedes mismos por la búsqueda de la verdad?»

Juan miró al grupo con determinación. «Estamos comprometidos con nuestra misión, pero no sacrificaremos nuestros corazones. Hay otras formas de demostrar nuestro compromiso.»

Natalia tomó la palabra. «Ofrecemos nuestro conocimiento, nuestra valentía y nuestra conexión con el Mictlán. No sacrificaremos nuestras vidas, pero estamos dispuestos a demostrar nuestra dedicación de otras maneras.»

La figura encapuchada asintió y, con un gesto, permitió al grupo continuar. A medida que avanzaban, la cueva se iluminó con una luz tenue, revelando un pasaje oculto detrás de la figura.

Xolotl habló mientras avanzaban. «Han superado la prueba de Teocoyohuehualoyan. La valentía y la sabiduría son sus armas más poderosas.»

Emergieron de la cueva en un claro iluminado por la luz de la luna. El rugido distante de jaguares aún resonaba, pero los guardianes parecían haber aceptado la determinación del grupo.

Natalia observó la luna con admiración. «Este nivel nos desafió de maneras inesperadas, pero estamos más cerca de nuestro objetivo.»

Miguel señaló la figura de Tepeyóllotl en la distancia. «Los dioses han estado presentes en cada desafío. Sigamos adelante con respeto y determinación.»

El grupo dejó Teocoyohuehualoyan atrás, sabiendo que cada nivel los había transformado de alguna manera. La búsqueda del artefacto sagrado continuaba, y con cada desafío superado, su conexión con el Mictlán se volvía más profunda.

Continuará…


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