Capítulo 12: Revelaciones en el Templo Ancestral

Los relieves en las paredes del templo contaban la historia de los dioses y héroes que habían luchado en el Mictlán en el pasado. Cada figura tallada en la piedra tenía un propósito, y el grupo se esforzó por descifrar su significado.

Natalia, se detuvo frente a un relieve que representaba a Xolotl, el dios de los atardeceres y guardian de los viajeros en el Mictlán. «Xolotl nos ha estado guiando desde el principio. Él nos ha encomendado esta misión, y este templo es una parte de esa misión.»

Miguel examinó otro relieve que mostraba a Quetzalcoatl luchando contra las serpientes de obsidiana. «Quetzalcoatl nos recuerda que debemos enfrentar desafíos y peligros con valentía. Él es el dios de la sabiduría y el conocimiento, y aquí, en este templo, debemos aprender.»

Juan, se acercó a un relieve que mostraba a los antiguos exploradores enfrentando las mismas pruebas que ellos. «Estos son nuestros antepasados, nuestros guías en este viaje. Debemos honrar su valentía y seguir su ejemplo.»

El grupo continuó explorando el templo, cada relieve y símbolo les proporcionaba más información y sabiduría. Sabían que estaban en el lugar correcto, y que debían aprovechar al máximo esta oportunidad para aprender y prepararse para los desafíos que aún les esperaban en el Mictlán.

Después de horas de estudio y reflexión, encontraron un pasadizo secreto en el templo que los llevó a una cámara subterránea. En el centro de la cámara, se encontraba un pedestal con un objeto brillante.

Natalia se acercó al objeto y lo recogió con cuidado. Era un espejo antiguo, tallado con símbolos misteriosos. «Este espejo es un artefacto sagrado, un tesoro de conocimiento. Nos guiará en nuestro viaje y nos ayudará a enfrentar los desafíos que se avecinan.»

Miguel asintió, consciente de la importancia del artefacto. «Este espejo es un regalo de los dioses. Debemos usarlo con sabiduría.»

Juan miró el espejo con gratitud. «Con este artefacto, estamos un paso más cerca de completar nuestra misión. Sigamos adelante con determinación y valentía.»

Con el espejo en su poder, el grupo salió del templo y regresó al oasis. La sensación de que estaban siendo observados por guardianes invisibles persistía mientras avanzaban por el bosque de palmeras. Cada paso que daban parecía resonar con la sabiduría de los antiguos dioses.

Natalia sostenía el espejo con cuidado, sintiendo una energía ancestral que irradiaba de él. Las inscripciones en el espejo brillaban con una luz tenue y misteriosa. «Este espejo es más que un simple artefacto. Es una herramienta de conocimiento y guía. Debemos aprender a usarlo.»

Miguel miró el espejo con respeto. «Los dioses nos han proporcionado esta herramienta por una razón. Debemos confiar en que nos llevará en la dirección correcta.»

El grupo se adentró nuevamente en el oasis, siguiendo las indicaciones del espejo. A medida que avanzaban, comenzaron a notar que el paisaje a su alrededor cambiaba. Las palmeras se volvían más densas y altas, como si los estuvieran guiando hacia un lugar específico.

El espejo comenzó a brillar más intensamente a medida que avanzaban, y las inscripciones en su superficie parecían cobrar vida. Las palabras y símbolos comenzaron a moverse, como si estuvieran comunicándose con el grupo.

Natalia observó el espejo con asombro. «Está respondiendo a nuestro viaje. Nos está mostrando el camino.»

Miguel asintió. «Debemos confiar en él. Nos llevará donde necesitamos ir.»

El grupo siguió avanzando, guiado por el espejo y las inscripciones en su superficie. A medida que lo hacían, comenzaron a escuchar un suave murmullo en el aire. Era como un eco distante, una canción ancestral que resonaba en el viento.

Juan cerró los ojos y escuchó atentamente. «Es una canción, una melodía que nos guía. Debemos seguirla.»

La canción los llevó a través del oasis y hacia un sendero que se adentraba en un cañón rocoso. A medida que avanzaban, el paisaje se volvía más desafiante. Las rocas afiladas y los cañones estrechos eran obstáculos en su camino, pero el grupo no se detuvo.

El espejo continuaba brillando, iluminando su camino y mostrándoles el siguiente paso. Era como si los dioses mismos los estuvieran guiando en esta travesía a través del Mictlán.

Finalmente, el grupo llegó a un amplio valle rodeado de altas montañas. En el centro del valle se alzaba una pirámide antigua, cubierta de símbolos y relieves misteriosos.

Natalia observó la pirámide con asombro. «Este lugar es sagrado, un sitio de poder. Y esta pirámide… es nuestro próximo destino.»

Miguel miró el espejo y asintió. «El espejo nos ha llevado hasta aquí. Debemos explorar esta pirámide y descubrir lo que nos espera.»

Juan, con determinación en su mirada, dijo, «Nuestra misión continúa. Sigamos adelante y enfrentemos lo que sea que nos aguarde en esta pirámide. Con el espejo y la sabiduría que hemos adquirido, no hay desafío que no podamos superar.»

El grupo se preparó para entrar en la pirámide, sabiendo que lo que encontraran en su interior los acercaría un paso más a la consecución de su misión en el Mictlán. La aventura continuaba, y estaban listos para lo que fuera necesario para proteger y preservar su cultura y mitología.


Continuará…

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