Capítulo 8: Itzcuintlan

El aire se volvió denso mientras Juan, Miguel y Natalia ingresaban al Nivel de Itzcuintlan. Una niebla espesa los envolvía, ocultando los senderos y los peligros que les esperaban. Los ladridos lejanos de los xoloitzcuintles resonaban en la oscuridad, indicando su presencia en el reino de los perros.

Un xoloitzcuintle de pelaje negro y brillante emergió de la bruma. Sus ojos centelleaban con una sabiduría ancestral mientras observaba a los intrépidos viajeros. Juan sintió una conexión inmediata con el canino, como si compartieran un vínculo ancestral.

El xoloitzcuintle, llamado Tepoz, se acercó a ellos y emitió un gruñido suave, invitándolos a seguirlo. Sabían que confiar en el guía canino era crucial para cruzar con éxito el mortífero río Chiconahuapan, el primer desafío en Itzcuintlan.

Llegaron a la orilla del río, donde el agua negra fluía con una fuerza amenazante. El sonido del torrente era ensordecedor, pero Tepoz parecía imperturbable. Con movimientos elegantes y precisos, el xoloitzcuintle se sumergió en las aguas turbulentas y nadó con destreza hacia el otro lado.

Juan, Miguel y Natalia intercambiaron miradas, llenos de determinación. Siguiendo el ejemplo de Tepoz, se adentraron en el río, sintiendo la fuerza de la corriente que intentaba arrastrarlos. Cada paso era una lucha, pero con valentía y trabajo en equipo, avanzaron poco a poco.

Las aguas parecían tener vida propia, como si estuvieran siendo manipuladas por una fuerza sobrenatural. Criaturas acuáticas de aspecto fantasmal nadaban a su alrededor, intentando distraerlos y hacerlos perder el rumbo. Pero el espíritu de Tepoz los protegía, desviando los ataques de las criaturas y guiándolos en la dirección correcta.

Después de una ardua travesía, finalmente llegaron al otro lado del río. Exhaustos pero victoriosos, salieron del agua y encontraron tierra firme. Tepoz los observaba con orgullo, reconociendo su valentía y determinación.

Tepoz se acerca al grupo y los observa con ojos centelleantes y les dijo, –Bienvenidos a Itzcuintlan, el Reino de los Perros. Me complace ver su valentía y determinación al llegar hasta aquí.

Juan se mostró impresionado por la presencia del xoloitzcuintle Tepoz, –Es un honor contar con tu guía en este peligroso viaje. Sabemos que confiar en ti nos llevará más cerca de nuestro objetivo.

Tepoz asintió con la cabeza, transmitiendo confianza dijo, – Vuestra determinación os honra. El río Chiconahuapan es solo el comienzo de los desafíos que encontraréis en Itzcuintlan. Pero no temáis, juntos superaremos cada obstáculo.

Natalia miró al xoloitzcuintle con curiosidad y lo cuestionó, – Tepoz, ¿qué podemos esperar en este reino? ¿Qué peligros acechan en nuestro camino?

Tepoz respondió con certeza y seguridad, – En Itzcuintlan, los perros guardianes son los guardianes de los secretos y los caminos que conducen a los reinos posteriores. Son astutos y feroces, pero si mostráis respeto y humildad, os guiarán en lugar de atacaros.

Miguel frunció el ceño, preparado para enfrentar los desafíos, – Entendido, Tepoz. Estamos listos para enfrentar lo que sea necesario para encontrar el artefacto sagrado y proteger nuestra cultura.

Tepoz se alegró mucho al oír eso y prosiguió, – Recuerden, también encontrarán pruebas de lealtad y coraje en su camino. Solo aquellos que demuestren su valía podrán avanzar hacia el siguiente nivel.

Juan mostró su determinación y continuó, –No defraudaremos esta oportunidad. Estamos dispuestos a enfrentar cualquier desafío y preservar la magia y mitología prehispánica para las generaciones futuras.

Tepoz los miró con orgullo, su vista parecía contener una confianza ante el grupo y dijo, – Vuestra determinación y compromiso son inspiradores. Caminemos juntos, superemos los obstáculos y avancemos en esta travesía hacia el artefacto sagrado que cambiará el curso de la historia.

Mientras el grupo avanzaba por el Reino de los Perros, las sombras de los árboles y los ojos luminosos de los guardianes caninos les rodeaban. Los perros guardianes, con sus oídos alerta y colmillos afilados, se mantenían en posición defensiva, observando cautelosamente a los intrusos.

Tepoz se adelantó, mostrando respeto y confianza, lo que pareció calmar a los perros guardianes. Se acercó a uno de ellos, un imponente xoloitzcuintle de pelaje blanco y ojos penetrantes. A través de un lenguaje silencioso, Tepoz comunicó el propósito de su misión y solicitó el paso seguro para el grupo.

El perro guardián blanco, era nuevamente Xólotl, examinó a Juan, Miguel y Natalia con una mirada intensa. Parecía leer en lo más profundo de sus almas, evaluando su determinación y pureza de intenciones. Después de unos momentos, Xólotl asintió con la cabeza, indicando que les permitiría avanzar.

Con el permiso de Xólotl, el grupo continuó su camino, escoltados por los perros guardianes que los guiaban a través de los senderos ocultos. A medida que avanzaban, se encontraban rodeados de una energía mística que parecía resonar con el latir de sus corazones.

En su travesía, encontraron diversos desafíos. Un puente colgante, estrecho y oscilante, que desafiaba su equilibrio y fortaleza interior. Juan, con su temple y concentración, lideró al grupo, atravesando el puente con paso firme y resuelto. Miguel y Natalia lo siguieron de cerca, superando su miedo y confiando en su propia valentía.

Más adelante, se encontraron con un laberinto de espejos que distorsionaban la realidad y desorientaban a los viajeros. Los reflejos distorsionados mostraban imágenes engañosas y sombras amenazadoras. Sin embargo, guiados por la intuición y la conexión con Tepoz, lograron navegar el laberinto y encontrar el camino correcto.

A medida que superaban cada desafío, el vínculo entre el grupo y los perros guardianes se fortalecía. Se estableció una comunicación silenciosa, una confianza mutua que trascendía las barreras del lenguaje. Los perros guardianes parecían reconocer la pureza de su misión y los guiaban con determinación y devoción.

Después de sortear las pruebas en el Reino de los Perros, el grupo se encontraba más cerca de su objetivo. El artefacto sagrado brillaba como una estrella en su mente, impulsándolos a continuar. Agradecieron a los perros guardianes por su guía y protección, sabiendo que el siguiente nivel del Mictlán les aguardaba con nuevos desafíos y misterios por desvelar.

Con la bendición de los perros guardianes, el grupo se despidió y continuó su camino, adentrándose en la oscuridad del Mictlán con una determinación renovada. Unidos por el propósito común de preservar la magia y mitología prehispánica, Juan, Miguel y Natalia avanzaron hacia el próximo nivel, listos para enfrentar lo que les esperaba con coraje y sabiduría.


Continuará…

Grupo Editorial Phonix Diurna | Editorial Liberum Imperivm

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