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La Necesidad de que haya Empresarios

Como seguramente ya sabes, nueve de cada diez negocios nuevos fracasan en los primeros cinco años. Entre esos «sobrevivientes», nueve de cada diez fracasan en los cinco años siguientes.

La razón principal del fracaso de los nuevos empresarios es, sencillamente, su falta de entrenamiento y de las fortalezas esenciales que se requieren para soportar el rigor de ser empresario. Algunas personas le llaman agallas, otras, perseverancia. En las fuerzas armadas podría decirse de esta forma: «Ponte de pie, levanta tu trasero, deja de sentir pena por ti mismo, deja de hacer berrinches, deja de chuparte el pulgar y vuelve a empezar. Seguramente hasta tu madre se avergüenza de ti porque es más fuerte que tú».

Otra razón importante por la que la mayoría de los empresarios fracasan, es que nuestro sistema educativo nos entrena para ser empleados, no empresarios. Y el mundo de un empleado es muy distinto al de un empresario y la gran diferencia la hacen los cheques de nómina. Si un empleado no recibe su «cheque de nómina», renuncia y busca un empleo nuevo. Los empresarios deben ser suficientemente duros para operar sin un «cheque de nómina», a veces durante años.

A menudo, en el mundo de los «pequeños negocios» —a los que a veces se les llama «negocitos familiares»—, ya tomando en cuenta el número total de horas trabajadas, los empresarios ganan menos por hora que sus empleados. En la mayoría de este tipo de negocios la labor más importante del empresario tiene lugar una vez que en el negocio ya terminó la jornada.

A esta labor se le llama papeleo y tiene que ver con el trabajo que se lleva a cabo tras bambalinas y que mantiene al negocio en operación, como requisitos de cumplimiento, facturación y cobro, tareas de contabilidad y cálculo de impuestos.

Cuando los empleados se van de vacaciones olvidan sus obligaciones en la oficina, pero cuando los empresarios salen de vacaciones, se llevan al negocio con ellos.

Robert T. Kiyosaki

Si el negocio tiene problemas o sufre un colapso, el empleado puede simplemente alejarse y buscar un nuevo empleo, pero el trabajo del empresario empieza justamente en ese instante. Cuando el negocio colapsa, hay que salir cavando entre los escombros de algo similar a un edificio colapsado por un ataque aéreo. El daño, la matanza, las pérdidas y los litigios pueden dejar enterrado a un empresario por años. Muchos no se recuperan nunca y sufren de la versión empresarial del trastorno por estrés postraumático.

Muchos «expertos» dicen que «Los empresarios fracasan porque están subcapitalizados», es decir, porque no tienen suficiente dinero o acceso al mismo para mantener el negocio a flote. El miedo a estar «subcapitalizado», la falta de dinero y la ausencia de un cheque de nómina constante es lo que obliga a mucha gente a aferrarse a la seguridad que, supuestamente, ofrece el ser empleado.

No se trata de falta de capital, sino de educación empresarial, experiencia de negocios en el mundo real y agallas. Si llegas a conversar con empresarios exitosos, seguramente te confesarán que siempre están «subcapitalizados», que nunca tienen suficiente dinero para enfrentar todas sus obligaciones financieras como empresarios y, mucho menos, el capital necesario para sostener el crecimiento de sus negocios.

Sin embargo, de alguna manera, los verdaderos empresarios siempre se mantienen avanzando. Luego, un buen día, algunos comienzan a recibir dinero a carretadas, pero realmente eso puede tomar muchos años. Por eso siempre me resulta gracioso escuchar a la gente que dice «Ay, fulanito tuvo suerte» o «Tal persona tuvo éxito de la noche a la mañana». Muy poca gente conoce o valora la verdadera historia detrás de un éxito empresarial.

Las diferencias de carácter entre quienes fueron preparados para hacer lo imposible —los que están dispuestos a pagar un precio al que a menudo se le llama el sacrificio mayor—, y los que sólo recibieron entrenamiento para «buscar un empleo bien pagado con buenas prestaciones», son muy contrastantes.

Cuando conozco empresarios que no tienen entrenamiento militar, noto que casi todos le dan mayor importancia a los «cheques de nómina» y a las «opciones de acciones» en lugar de a la «misión». Los integrantes de sus equipos seguirán haciendo lo que el líder quiera, siempre y cuando los cheques de nómina sigan llegando.

Sin embargo, en la mayoría de los negocios sucede lo contrario: el trabajo en equipo se viene abajo cuando la situación se vuelve delicada. Cada vez que surgen problemas, los civiles preparan sus bayonetas y, con frecuencia, se apuñalan unos a otros por la espalda.

Esta cita se puede aplicar a todos los empresarios y a cualquier persona que quiera convertirse en uno. Es obvio que los empresarios deben correr riesgos… precisamente los mismos que los empleados evaden.

Robert T. Kiyosaki

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